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José Barta

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El pequeño comprador de vivienda está más preparado que el inversor financiero profesional

27 octubre 2011

El pequeño comprador de vivienda está más preparado que el inversor financiero profesional

José Barta; 27 de octubre 2011

Al menos esto es lo que parece que piensa la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV), quien ha concluido que las entidades financieras actuaron de forma “incorrecta” en la comercializaron de bonos de Landsbanki Islands y Kaupthing Bank, ambas intervenidas en octubre de 2008 por el Gobierno islandés, según la Memoria 2010 de ‘Atención de reclamaciones y consultas de los inversores’.

En dicha memoria, la CNMV, rechaza el argumento, argüido por las entidades financieras, de que la experiencia inversora, de estos inversores en deuda islandesa, quedaba acreditada en el caso de contar con inversiones anteriores, y destaca la “ausencia” de elementos que confirmen que recibieron información completa.

Sin embargo, la CNMV, no considera necesario investigar la calidad de la información que,  estas mismas entidades financieras, han aportado a los adquirentes de viviendas, a la contratación de créditos hipotecarios – otorgados contra una tasación inmobiliaria, realizada por encargo de las propias entidades financieras, a “expertos” seleccionados por ellas mismas –, sobre los posibles riesgos por caída de mercado o incapacidad de pago.

Expresiones como “las viviendas nunca bajan de precio”, o “si las cosas le van mal siempre podrá vender el piso, ganando una buena cantidad” no entiende ni la CNMV, ni el Banco de España, que establecieran unas expectativas falsas sobre la inversión a la que “se animaba”; porque conviene recordar que, durante un largo periodo de tiempo, las entidades financieras “animaban” a sus clientes a endeudarse en la compra de vivienda, con el mensaje de “inversión segura”. Y esto se ha demostrado que era falso. Tan falso como los “bonos islandeses”.

Pero a diferencia de aquellos inversores que dieron órdenes de compra de “bonos islandeses” – por dos, tres, diez, veinte, y más millones de euros -, respecto a los que se ha reconocido, por parte de la CNMV, que no se les dio la información suficiente para valorar dicho riesgo, a los pobres particulares que se embarcaron, animados por la entidad financiera, en un deuda de doscientos mil, o trescientos mil, o cuatrocientos mil euros, se les considera más que bien informados y alertados para acometer los posibles riesgos de las mismas, por lo que no se considera procedente investigar las posibles anomalías y responsabilidades de las entidades financieras, y por ende, no se dedica ni un minuto a atender sus quejas. No ya quejas que se encaminen a solicitar la anulación de la operación de compraventa, con la correspondiente devolución de las cantidades pagadas, más los intereses que les correspondiera por el tiempo transcurrido – como se les ha concedido a los compradores de “bonos islandeses” -, ni siquiera se acepta la solicitud de la dación en pago, con la perdida de las cantidades entregadas hasta ese momento último en que se entrega la vivienda. Como si la perdida de esta no fuera varapalo suficiente.

 

Es más, esta última opción,  a algunos “expertos”, les parece poco ético el mero hecho de plantearla.

En el colmo de la estupidez alertan sobre las consecuencias que, este tipo de medidas, podría tener cara al futuro. “Recorte del crédito”, como si lo pudieran recortar más, “endurecimiento en la valoración de riesgos, dificultando la financiación para la adquisición de viviendas”, donde lo que se te pasa por la cabeza es ¡ojala lo hubierais hecho hace años!, ahora tendríamos menos familias al borde de la desesperación, el alquiler de viviendas se habría incrementado, los precios estarían controlados y se habrían financiado otros sectores más productivos y competitivos, con el consiguiente saneamiento de nuestra economía. Pero, claro, si el comportamiento de las entidades financieras hubiera sido más prudente y responsable algunos no hubieran hecho las grandes fortunas que han hecho.

Resulta pues paradójico que – para las instituciones públicas encargadas de velar por los intereses de todos los ciudadanos, en su calidad de supervisores, e incluso reguladores, del sistema financiero – el comprador de vivienda sea tratado como un ser astuto, que esconde en su cerebro una visión privilegiada de la realidad económica del país, al que nadie puede engatusar, mientras que a los inversores institucionales – avezados en todo tipo de instrumentos financieros, con equipos jurídicos y de analistas financieros internos y externos, con los que evalúan pormenorizadamente cada inversión – se les brinde todo el apoyo y protección de los que la CNMV y el B.de E. son capaces de dar.

Vamos que, para la CNMV y el B. de E., los particulares que contratan una hipoteca son taimados tahúres, mientras que los inversores financieros – en este caso más grandes y medianos que pequeños –, que viven de gestionar el riesgo, son débiles criaturas a proteger.

Solo desde esta perspectiva se puede entender el por qué los líderes de nuestro país se muestran tan indiferentes ante el drama del paro: es que no se lo creen.

Sé que algunos “expertos” de estos que cito – y algunos profesionales de esos que no consiguen estar a la altura intelectual de los particulares compradores de vivienda, según se deduce de las actitudes de los organismos supervisores – despectivamente tacharán este artículo de simplista y demagógico; es lo que tiene encontrarse inmersos en una cultura cada vez más profundamente relativista: llega un momento en que resulta casi imposible discernir lo justo, apreciar la verdad.

3 comentarios

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e-ramon 27 octubre 2011 13:00

Estimado Sr Barta,
considero que efectivamente usted ha abusado en este artículo de cierta carga demagógica. Creo que no es aceptable un mundo de buenos (compradores de vivienda) y de malos (naturalmente la banca. No se si lo contrario es relativismo, en ese caso debo de acusarme de dicho delito.

Aqui todo el mundo tiene parte de culpa, y no vale buscar chivos expiatorios: Zapatero, Botin , CAM, ….

La banca ya anda purgando parte de sus faltas, como resultas del credito promotor, y lo que le queda por hacer es reconocer las pérdidas en que ha incurrido, al objeto de tratar de hacer bien su labor: dar crédito a sectores con expectativas, que es lo contrario a encerrar los muertos inmoobilairios en el armario.

Respecto al crédito en manos de los particulares cabe hacer una discriminación entre aquellos que habiten las casas hipotecadas, y el resto. No debiera de ser un problema el encontrar algún tipo de salida para los primeros con la cantidad de pisos que dispone la banca actualmente. Al menos podrían recibir algún tipo de ingreso.

Le reconozco el interés de su blog, del que soy seguidor.

    comments user
    pepebarta 28 octubre 2011 11:24

    Apreciado Sr. Lizasoain
    Agradezco su comentario, en mayor medida declarándose seguidor de mi blog.
    No, realmente no descarto la responsabilidad de nadie, ya que sería como quitarle la capacidad de decidir y con ello la libertad. Y soy de los que piensan que, con condicionantes, asumimos decisiones libres – salvo que nos fuercen con violencia física o síquica – . Quizás por ello, a diferencia de muchos de nuestros políticos, en mi examen me arrepiento de tantas cosas que no hice, o que pude hacer mejor, o que no debí hacer. Dicho esto convendrá conmigo en que existe gradación en los niveles de responsabilidad; normalmente asocio dicha gradación con el nivel de formación e información frente a la toma de una decisión.
    Usted también ha estado fino en su comentario, llevando mi posición a un extremo no buscado por mí: buenos y malos. Por unos instantes me he sentido como Alexei Karenin – marido de Ana Karenina, en la célebre novela de León Tolstoi – cuando asiste indefenso a su defenestración, por parte de sus enemigos políticos, que lanzan contra él sus propias propuestas, llevadas a extremos absurdos. Entiendo que es un ardid literario y, por descontado, no le considero a usted enemigo, del tipo que sea.
    Y, finalmente, dicho todo esto le animo a ponerse en el lugar de un comprador españolito medio, de vivienda para uso propio (otro tratamiento tiene, para mí, el inversor), inmerso en una cultura agraria de aprecio por propiedad inmobiliaria (que no será tan mala cuando en países como Alemania y Francia está creciendo), bombardeado permanentemente por la Administración estatal, la Autonómica y el Ayuntamiento correspondiente con mensajes de somos más ricos que ayer, pero menos que mañana (no se ría, esto ha sido así), y acosado por prensa, radio, televisión y buzoneo, por multitud de inmobiliarias con ofertas extraordinarias, aunque aparentemente inaccesibles, por el precio, para él. Pues esta persona, con una formación “española”, con todos los condicionantes mencionados, llega a la entidad financiera a la que le dirige el promotor que sea, y…descubre que TODO ESTÁ A SU ALCANCE. Que no hay problema, incluso, si es preciso, se le financia el IVA, la Notaria, el Registro, y lo que necesite ¿O no conoce usted casos como este?
    ¿Sabe lo que nos llamaban a los pocos que denunciábamos la “falacia” del crecimiento continua del precio de las viviendas, así como el gravísimo riesgo de un endeudamiento “extremo” a treinta y más años? Me lo llamaron por escrito: en el 2003 “alarmista”; en el 2005 “ignorante” y, finalmente, en el 2007/8, “catastrofista”.
    Por eso me parece indignante que la CNMV dedique unos cuidados y atenciones a profesionales avezados, bien asesorados, defendiendo que no estaban bien informados, y no se hayan preocupado en investigar – especialmente el Banco de España y la Fiscalía – , al menos, si en algún caso alguien ha animado a una tasadora a subir el valor final de su informe. ¿Tampoco conoce un solo caso de este tipo?
    Ha sido un placer ejercitar el dialogo inteligente con usted.

      comments user
      e-ramon 4 noviembre 2011 01:32

      Estimado Sr Barta,

      le agradezco el interés en su respuesta, y no es mi intención entrar en polémicas estériles cuando coincido en lo fundamental de su análisis. Tan solo pretendía hacer constar que lo que considero ciertas exageraciones pueden distraernos del objetivo fundamental, y es que en esta fiesta todos hemos sido culpables: el euro, los bancos, inmobiliarias, organismos supervisores, partidos políticos, administraciones locales, la prensa, … Y en especial, la desaparición del espíritu crítico, que hemos sustituido por una especie de borreguismo banderizo.

      Espero que esta crisis permita también una regeneración del pensamiento independiente, para lo cual este medio resulta un aliado muy valioso.

      Le animo a continuar su blog por mucho tiempo.

      Ramon

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