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José Barta

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Reflexiones sobre Empresas familiares: tiempos de incertidumbre e Innovación

18 julio 2019

Reflexiones sobre Empresas familiares: tiempos de incertidumbre e Innovación

José Barta, 10 de julio 2019

El profesor Esteban Masifern, fallecido el pasado 5 de abril del 2019, del que fui alumno en el IESE, afirmaba que “hoy vivimos en la incertidumbre, una crisis que ha superado el adjetivo de coyuntural” y que es peor que vivir con riesgos, ya que al menos estos podían medirse, aunque fuera cualitativamente. Por eso, “para estos tiempos, defiendo la estrategia institucional. Este concepto permite que los directivos (con espíritu emprendedor) tengan alto grado de autonomía solo limitada por compartir una visión, una misión, unos valores y unas reglas de juego.

La estrategia institucional dicta la cultura de la empresa y hace que los tres módulos que produce los logros (estrategia, organización y acción productiva) formen una euritmia, imprescindible para el éxito.

Es necesario contar con más directivos promotores en el terreno, y colaboradores con mayor autonomía.“ Estrategia en tiempos de incertidumbre y crisis. (Esteban Masifern. Revista de Antiguos Alumnos del IESE -Diciembre 2002)

El siguiente cuadro resulta muy expresivo:

El cambio de paradigma empresarial, imprescindible para acometer los nuevos retos, es consecuencia de la confluencia de los numerosos factores que modifican permanentemente el marco de acción interna y externa de las empresas: nuevos descubrimientos científicos, desaforado desarrollo tecnológico, especialmente en el ámbito de las TIC, irrupción de múltiples competidores fruto de la deslocalización de mercados que permite-alienta internet, permanente aparición de servicios y productos innovadores que revolucionan la demanda, así como el dar respuesta a aquellos compromisos que toda empresa adquiere con su entorno medioambiental y sociológico, etc.

Las estructuras piramidales, con estilos de dirección rígida, basado en liderazgos unipersonales y enérgicos, los criterios de producción masiva, la incorporación de mejoras graduales, así como la búsqueda de las opciones más seguras, por ser las de “toda la vida”, buscando estándares de calidad posibles, el fomento de la competencia individual, como formula de éxito profesional, y finalmente la priorización en la obtención de bienes tangibles y en el uso de las TICs, se muestran impotentes para afrontar la velocidad y profundidad de los cambios que se están produciendo, lo que está dando paso a estructuras horizontales, en Red, supervirtuales, con estilos gerenciales flexibles e inspiradores, criterios de producción personalizados, innovaciones radicales en bienes y servicios, la búsqueda del mayor crecimiento, así como de la máxima calidad, valorando el conocimiento y la información como los principales activos, por lo que se potencia la colaboración y la creatividad, a todos los niveles, en un entorno en el que las TICs constituyen el elemento modular para el desarrollo organizativo.

Las diferencias entre estos dos estilos distintos de organización, quedan plasmadas en el siguiente cuadro:

Es obvio que el nuevo paradigma organizativo no se restringe a la empresa familiar, se propone a la totalidad del espectro empresarial, independientemente de su sector, dimensiones, ubicación y características de la propiedad.

La Innovación, entendiendo como tal la capacidad de encontrar nuevas respuestas, más eficientes, a los problemas y necesidades que se van suscitando, en muchos casos a velocidad vertiginosa, en los múltiples ámbitos de la acción empresarial, ha pasado de conveniente a necesaria y, en un corto plazo, a crítica, Innovar pasa por fomentar una autentica “cultura de emprendimiento” en la empresa, algo que exige gestión del conocimiento y tiempo. Sorprende observar como muchos todavía confunden Innovación con Tecnología, sin percatarse que esta de poco sirve si no sabemos como y para que utilizarla. Esta es la razón del desanimo de algunos empresarios que han realizado importantes inversiones en equipos y software, sin obtener resultados mínimamente satisfactorios.

Innovar es mucho más que I+D, y la ciencia no siempre es necesaria para innovar, la gestión del conocimiento y la promoción de la creatividad se convierten en objetivos críticos para las empresas. Nadie tiene el monopolio del talento y por ello la disrupción puede venir, y así sucede con frecuencia, de la periferia de las grandes corporaciones empresariales y de los grandes Estados.

A lo largo de la historia hemos asistido a la aparición de incontables bienes y servicios innovadores, con bajas exigencias tecnológicas: la fregona es un ejemplo muy español, así como el Chupachup y las pinzas para tender la ropa; el innovador uso lúdico, o medicinal, de las aguas termales, que desarrollaron en el Imperio Romano; los viajes “todo incluido”; los centros comerciales, los actuales CoLiving, etc.

Es cierto que el extraordinario desarrollo tecnológico está potenciando y suscitando innovaciones, provocando una espiral de cambios continuos, pero la tecnología no deja de ser un instrumento, extraordinariamente eficaz pero instrumento, al servicio de los procesos innovadores, siendo la esencia de estos el intercambio de conocimientos existentes en la empresa y en su entorno de acción (clientes, proveedores, etc.). Dichos conocimientos se encuentran en las personas, que se descubren así como los principales activos para el progreso de cualquier empresa. La gestión de este conocimiento es critico para la misma.

Las empresas se encuentran abocadas, si no quieren desaparecer o convertirse en marginales, a fomentar la aparición de “ecosistemas de emprendimiento e innovación”, en todo el ámbito de sus competencias.

Todo lo expuesto nos lleva a la necesidad de potenciar las capacidades de los directivos emprendedores y a optimizar el conocimiento existente en las personas que conforman las empresas, lo que exige avanzar en el diseño de nuevos estilos de Gobierno para las mismas, en la disyuntiva de que los órganos de Gobierno o contribuyen a dotar de un mayor valor a las empresas o supondrán un autentico lastre que afectará seriamente a su desarrollo: accionistas, administradores y ejecutivos están abocados a colaborar en el marco de estructuras organizativas equilibradas y sostenibles, para promover, y alentar, los necesarios cambios culturales, esenciales para competir en los nuevos entornos de incertidumbre y crisis.

La gestión del conocimiento y la creatividad, en un entorno de colaboración que se extiende a los stakeholders, la gestión del talento de colectivos concretos, es una de las características, cuasi genética, de las empresas familiares, dado que llevan en el ADN priorizar la gestión de las relaciones personales intrafamiliares, con sus ilusiones, necesidades y capacidades, y de estas con las de las personas no familiares vinculadas a la empresa. Desde estas premisas, los actuales retos se presentan como magnificas oportunidades para este colectivo empresarial. Ya comienzan a ser abundantes los ejemplos de éxito en esta línea; me limitaré a citar el de la empresa familiar Michelin, líder mundial de neumáticos, que en marzo de 2017, de la mano de Jean-Dominique Senard, primer Consejero Delegado no miembro de la familia, decidió ceder responsabilidades a sus trabajadores (Estrategia 2020), buscando fomentar la innovación en las fábricas de 17 países (con más de 105.000 empleados) para mejorar la producción y el servicio a los clientes.

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