LAS ESCUELAS DE NEGOCIOS Y SU CONTRIBUCIÓN AL FRAUDE ÉTICO EMPRESARIAL (2017)

José Barta; miércoles 3 de mayo 2017

Mi buen amigo Isidoro Tapia, hace unas semanas, me planteó la conveniencia de volver a publicar mi artículo, de hace tres años, con el título del actual. En 2014, entraba de lleno en una realidad negada por bastantes protagonistas del mundillo académico-empresarial, pero que, el día a día de la actualidad judicial, con sus descubrimientos sobre las numerosas tramas de corrupción, así como las numerosas sentencias sobre ilegalidades en la gestión de productos financieros, va mostrando como sustrato para el desarrollo del actual drama social.

Y todavía nos podríamos quedar cortos, dado que corremos el riesgo de valorar tan solo el daño económico sin danos cuenta del mayor daño que se ha producido, consistente en la grave desaparición de todos aquellos empresarios y directivos que se han negado a entrar en el juego de la corrupción y/o de la gestión de la eficiencia económico-financiera al margen de aquellos principios morales que suponen subordinar la misma al servicio del desarrollo, crecimiento, material y espiritual de trabajadores, clientes, proveedores y del resto de la sociedad. Esta masacre empresarial pasará una factura que se tardará dos generaciones, al menos, en recuperar.

La denuncia que realizaba, en mi artículo de hace tres años, sobre el papel de las escuelas de negocios en todo este proceso de degradación económica-social, supuso una nueva fuente de escandalo, obviamente en mayor medida por parte de aquellos que se han alimentado de dicha degradación ética, pero también por parte de nuestros sempiternos teóricos de la vida, la mayoría acogidos a un régimen laboral funcionarial, o cuasi funcionarial.

Ante la propuesta de Isidoro le pedí unos días para revisar mi artículo inicial, pensando que debería matizar o suprimir algunos párrafos; mi memoria va siendo cada vez más flaca, en especial con mis escritos.

Tras releerlo me reafirmo en lo expuesto en el mismo, quizás refrendándolo con nuevas aportaciones y con algún otro fruto de un mayor tiempo de reflexión.

Mi conclusiones podrían parecer excesivamente radicales, pero no son originales, he encontrado que, poco antes de morir, Ghoshal sugirió, en uno de sus artículos más controvertidos, que gran parte de la culpa de la corrupción corporativa en la década de 2000 podía ser atribuida a las escuelas de negocios y la forma en que tratan de enseñar la gerencia empresarial como una ciencia . Dicho método no tiene espacio para la moralidad, y por lo tanto, argumentaba Ghoshal, “las escuelas de negocios han liberado activamente a sus estudiantes de cualquier sentido de la responsabilidad moral” (The Economist (2009) “Sumantra Goshal”, 29 de Mayo 2009)

A los estudiosos de la economía les acecha, como a tantos otros, el riesgo de caer en tópicos tales como asociar mayor riqueza a mejor gestión, sin parar en la cuenta de que esto no es necesariamente cierto. Cuando sucede así el mito ha sustituido a la realidad. Y fue un mito, surgido tras la II Guerra Mundial, que el liderazgo económico estadounidense se correspondía con el mejor modelo de gestión empresarial. Ya a finales de los años setenta se pudo apreciar que dicha conclusión no se correspondía con la realidad, cuando una parte importante de su industria fue desbordada por la japonesa, pero el modelo de Escuela de Negocios importado de Estados Unidos ya se había transformado en el paradigma de gestor empresarial, priorizando el análisis contable-financiero, basado en datos estadísticos, sobre cualquier otro método de trabajo, incluida la gestión del “conocimiento de las personas”, incluso el conocimiento de la realidad tecnológica y sus consiguientes limites.

“(Los) Gestores creían que podían tomar decisiones sin conocer (los) productos, (las) tecnologías o (los) clientes de las compañías. Sólo tenían que entender las complejidades de la información financiera … , y los administradores (desde) la década de 1970, provenían principalmente de las filas de los contables y financieros, y no de las filas de ingenieros, diseñadores y vendedores. [Esta nueva clase directiva] se movió con frecuencia entre las empresas sin tener en cuenta a la industria o los mercados que sirven … Una relación sinérgica desarrollada entre la contabilidad de gestión se enseña en los programas de MBA y las prácticas que emanan de las oficinas controladores corporativos, impartiendo a la gestión de la contabilidad una vida propios y dar forma a la manera en que los administradores de las empresas corrieron.” (Johnson y Broms , 2000, p. 57)

Cuando en la gestión de la empresas se pierde la perspectiva del servicio a las personas, llegándose a elevar dicha ceguera a categoría de modelo a seguir, la crisis empresarial y social está servida. Será cuestión de más o menos tiempo, pero la perdida del referente humano como fin último de la empresa (todavía hoy muchos piensan que el fin es el enriquecimiento exclusivamente económico) siempre pasa factura.

Como decía Leonardo Polo

“El método analítico no garantiza la discursividad de la ciencia. Tampoco su consistencia. La consistencia hay que buscarla en la verdad, y el análisis no se encamina a la verdad. El fundamento tampoco se puede hallar analíticamente. No es que el tema el fundamento sea inaccesible, si no que no se alcanza analíticamente.”( ¿Quién es el hombre? Leonardo Polo. Editorial Rialp. 1992, p.48)

Las escuelas de negocios han terminado sustituyendo la necesidad del conocimiento de la realidad por el análisis, que no pasa de ser una síntesis sesgada de la realidad (sesgada por que las personas que los realizan tienen sus propios prejuicios y limitaciones instrumentales).

Han confundido las necesidades de formación para la dirección de personas, con las necesidades de formación para la construcción de puentes o motores de combustión. El economista se encuentra indiscutiblemente más cerca del medico, en sus necesidades de formación, que del ingeniero o el matemático, incluso que del abogado. Y en este sentido la economía, en cuanto a instrumentos de diagnostico y tratamientos, se encuentra en una fase comparativa, respecto a la medicina, propia de los comienzos del siglo XX.

La formación del directivo, especialmente del alto directivo, pasa más por instrumentos similares a los de la formación de médicos, que a métodos basados en el estudio de casos. Esta es la gran asignatura pendiente de las escuelas de negocios si pretenden formar profesionales eficientes, al servicio de sus empresas, que es lo mismo que al servicio del crecimiento en humanidad de sus empleados, clientes, accionistas, proveedores, en definitiva de la sociedad en la que se desenvuelve.

En España, la corrupción de las empresas ha favorecido y potenciado la corrupción del sector Público, y entre ambos han degradado los valores éticos de nuestra sociedad.

A continuación el articulo citado, publicado en 2014.

Por cierto, al final de dicho artículo aconsejo varias lecturas, a las mismas debo añadir “Laudato Si”, del Papa Francisco

LAS ESCUELAS DE NEGOCIOS Y SU CONTRIBUCIÓN AL FRAUDE ÉTICO EMPRESARIAL

José Barta; miércoles 16 de julio 2014 Leer más LAS ESCUELAS DE NEGOCIOS Y SU CONTRIBUCIÓN AL FRAUDE ÉTICO EMPRESARIAL (2017)